miércoles, enero 31, 2007

Ley de Godwin

"A medida que una discusión en Internet se alarga, la probabilidad de que aparezca una comparación en la que se mencione a Hitler o a los nazis tiende a uno."

Ley de Godwin. Vía Wikipedia

domingo, enero 28, 2007

Chilluévar nevado




miércoles, enero 24, 2007

Creer y comprender

"Intellige ut credas; crede ut intelligas."

San Agustín de Hipona.

"Comprende para creer; cree para comprender."

sábado, enero 20, 2007

Una botella de coñac y tres rosas

Esta entrada debería ser de hace 2 días, del 19 de enero, día del nacimiento del escritor Edgar Allan Poe (en 1809). No es por el día ni por que se refiera a Poe, sino por el misterio tan tratado en su obra y que le persigue después de entumbado. Leo aquí (podéis ver la foto), CNN, en inglés que desde 1949 (sí, cien años después de la muerte de Poe) alguien deja en la tumba una rosa y una botella medio llena-vacía de coñac. ¿Increíble no?
Este hecho me lleva a reflexionar acerca de la perpetuidad de un escritor en la posteridad. Poe fue grande, y se le reconoce, pero el propio acto de ¿respeto?, ¿admiración? que supone dejar una rosa y una botella de coñac en la tumba durante 58 años seguidos produce... ¿qué produce?, ¿admiración también? Al menos extrañeza, no hay sentido más que honrar a alguien por parte de un lector (suponemos), un lector, y ¿qué es un lector? Hay muchos tipos de lectores y la persona que hace eso es un lector, sin duda, convencido, impactado, horadado por Poe, y así lo agradece, dejando una rosa y una botella de coñac. No hay más, o yo no le veo más, y por esa ¿irracionalidad? el acto me parece sublime.
¿Qué pasará cuando esa persona muera? que, por cierto, parece que así ha ocurrido (leeros la noticia original) delegando en sus hijos ¿y cuando mueran éstos?, ¿seguirán dejando una rosa y una botella en la tumba de Poe ellos o se animará otro lector horadado?, ¿o quizás el absurdo que todo lo mueve haga que la rosa y la botella aparezcan en ambas tumbas?
La propia figura y excentricidades y alcoholismo de Poe hacen que el hecho cobre mayor impacto y dote de un misterio post mortem a la leyenda ya increíble de este autor.

viernes, enero 19, 2007

Otros

Se me acumulan los inclasificables, las entradas que no tienen razón de ser, finalidad hacia el orden por categorías. ¿Y qué hago yo? Pues me saco esta entrada de la manga, como índice, y también con fin de los índices. ¿Cómo? Comiendo.

Tengo que probar esto de las etiquetas, esta entrada no tiene sentido, es otra otros, otra inclasificable, y estaban bien así los otros pero necesito probar las etiquetas. Si me gustan y convencen desplazarán al sistema cutre-y-manual de los índices. Que no convence, pues esto no será una entrada vacía y añadirá otro índice más a la inutilidad de su propia existencia.

Es paradójico existir para provocar tu propia desaparición... o no. Esta bonita aparente contradicción absurda es otro motivo de la creación de la entrada que nos ocupa.

Que la disfruten y le den uso, y sino, pues quién sabe, tal vez no dure más de dos horas, fagocitada por el batallón de etiquetas y nombres. Que por otro lado son un síntoma más de la megalomanía que empuja la existencia de estas bitácoras infectas...

Los otros inclasificados:

Con la creación de esta entrada tan problemática acabo de descubrir que la nueva magnífica versión de blogger me impide acceder a las páginas de entradas anteriores al cambio. Genial. Esto dota de mayor inutilidad y absurdo a todo. ¡Yuju! Me estreno, de todos modos, en las etiquetas y quizás me de por editar todas las entradas antiguas con etiquetas, si lo hago, borraré los índices a no ser que alguien los usara realmente.

Tengan un bonito fin de semana.

ANUNCIO, NOTICIA: La bomba cayó. Descubrí el fácil sistema de etiquetación de todas las entradas. Ahora son latas. Y en el lateral derecho desaparece esa sección llamada Categorías con todos sus índices. Sólo mantendré la sección Noticias, pero como una cadena de alimentación de mi propio ego, o mi propia desdicha, viendo las chorradas que se me ocurren comentar en lo referente a mis éxitos y fracasos.

Lavado de cara en dos, uno... adiós a las secciones, sírvanse de las etiquetas. Salud.

jueves, enero 18, 2007

Suspensos

"Los suspensos están hechos para los que estudian."

Oído en el autobús.

miércoles, enero 17, 2007

A la mierda

Hace unos días tiré a la papelera de reciclaje un maldito guión. Me pasé trabajándolo todas las Navidades, era a prueba de cañonazos, no tenía ni una fisura, ni una incoherencia. Pero un día me levanté y me di cuenta de que no quería contar esa historia, quería usar un personaje de ella que ha sido el único superviviente (aunque sólo de máscara ya que ha sufrido un lavado de cara sufrido), pero ya no me apetecía escribir con ese guión, ese argumento, esa estructura, ambientación, tono, forma, fondo, todo. TODO a la mierda. No sé si la nueva idea es mejor o peor, sólo sé que me apetece más escribirla. Eso me vale, al fin y al cabo, no voy a sufrir más escribiendo (que ya es un acto doloroso) lo que no me gusta. ¿He hecho bien?, ¿mal? quizás la historia que-no-me-apetece-escribir era una genialidad, ¿y qué?

Sólo sé una cosa, no vuelvo a romperme la crisma haciendo un maldito guión a mano e irrompible. Demostrado queda que no lo era tanto y que no hacen falta cañonazos sino, a veces, el propio absurdo lo tira todo por la borda. No vuelvo a hacer guiones, con los míos mentales me basta y sobra.

He dicho.

De todos modos, poco tardará en volver el absurdo para tener que tragarme mis palabras... ¡preciosa inestabilidad!

lunes, enero 15, 2007

Viajes: Zahara

I. El Vapor

Cuando debes evitar el sol, ir de vacaciones a la playa puede no resultar una gran idea. Decidí tomarme mi fotosensibilidad adquirida no como un inconveniente que me impidiera disfrutar, sino como algo con lo que tenía que pasar cinco días en la costa, algo cotidiano. Por ello llené la maleta de libros, entre ellos algunos cuentos de Cortázar, algo de Ciencia ficción, de aventuras… un poco de todo, en definitiva.
También mi pequeño cuaderno de notas azarosas e intemporales junto a uno más grande, por si mi imaginación se desataba.
Desde mi pequeña terraza veía el litoral y, destacado por su cercanía a la arena, los restos de algo, lo que parecía ser un mástil y una chimenea, quizás. Esto me chocó y, efectivamente, mi imaginación se desató.

Al segundo día en el retiro espiritual que significaba un viento de poniente muy agradable y en nada similar al sofocante calor sevillano y la casi ausencia de turistas en el trocito de playa que nos tocó, esperando en la sombra de una caseta de madera cerrada a que me trajeran una sombrilla, mantuve una conversación con un arquetipo de pescador nato.
El sujeto estaba, como yo, esperando y a la sombra, portaba unos prismáticos con los que observaba el horizonte y la partida de sus compañeros hacía no mucho en barco.
De panza prominente y fibrosa cuarteada por el sol, aún mantenía una cabellera blanca fortalecida junto con un bigote del mismo color y condición al que gustosamente hubiera colocado bajo él una pipa humeante.

Se me acercó, adivinando mi extranjería y me habló, como se debe iniciar una conversación entre pescadores tal vez, sobre el viento. Me dijo con voz pausada que se mantendría como hoy hasta el viernes, más tarde comprobaríamos que no se equivocó, y con levante tuvimos que adelantar la salida.
Sin perder de vista el océano me preguntó qué día era, le respondí preciso. Noté que estaba debatiéndose en realizar o no algo que se le había ocurrido en el momento en que me dijo que el poniente duraría hasta el viernes. Acarició los prismáticos dubitativo y, al final, abandonándose a la jactancia de su querido mar, me los ofreció sin mirarme y me susurró aún más tímido pero orgulloso: Observa el litoral.

El olor a salitre se había apropiado del instrumento y estaba descolorido en algunas zonas, sin embargo se veía nítidamente. El sol aún no estaba arriba del todo y la mañana ofrecía un bonito juego de luces reflejado en el mar, entonces vi la extraña formación que descubrí el primer día, y pensando en que sería una buena manera de agradecerle el préstamo apelar a su experiencia, o a escuchar alguna batallita, le pregunté.

Me dijo que era un barco inglés, uno de los primeros vapores que surcaron el mar, llevaba allí encallado más de dos siglos. Me contó la historia tan embebido y con una atmósfera bien misteriosa que entre el graznido de alguna gaviota y el vaivén del mar, me transporté. Nos quedamos ambos transpuestos y, en un murmullo sin objetivo, recuerdo que dije: Hipnotiza. El marinero habiéndome escuchado preguntó también para sí mismo: ¿La mar?- Sí, la mar, pensé, aquel pescador llamaba al sustento de su vida con nombre femenino. Le devolví los prismáticos y con un hasta luego me marché dirección a la sombrilla recién instaurada donde intentaría dejarme atrapar por alguna novela, sabiendo que iba a ser imposible ya que estaba metido en otra.

II. El hombre del acordeón


Definitivamente, los rasgos que mantuvieron mi viaje fueron, sobre todo, las personas y el paisaje, el cual no podía disfrutar más que desde el refugio sombrío del balcón del hotel o la sombrilla pero que como un misterioso barco en la orilla bicentenario dejan recuerdo. También nos decidimos a mantener una ruta gastronómica entre los bares y restaurantes que encontráramos, y es así como conocí al hombre del acordeón.

Cómo describir a un viejo que ha tomado la forma de un acordeón. Nunca lo vi separado de él, la barbilla se apoyaba en el instrumento, el cuello doblado y la chepa curvada, la barriga le sobresalía por debajo y las manos agarradas siempre a los asideros. El hombre, con una pequeña calva rodeada de canas, andaba con pasitos cortos pero rápidos, aunque lo más característico del señor eran sus insondables ojos grises y tristes. Desteñido y empolvado como el instrumento que tocaba tan cansinamente de restaurante en restaurante, al mediodía y por la noche. Su repertorio era muy escaso, dos canciones simples o una sola con dos partes diferenciadas que aunque alegres, la imagen de esos ojos hundidos y la monotonía la volvían repetitiva.

Apareció la primera noche, junto con el que supusimos su hijo. Apenas balbucían el español, pensé que eran rumanos. El chico tocaba una pandereta y cuando la canción acordeónica llegaba al fin se iba paseando con la pandereta bocabajo para recoger la limosna.

Al día siguiente volvieron, estábamos en un restaurante diferente, en otro sitio de la ciudad pero ellos llegaron y tocaron la misma canción. Sin duda no eran músicos, por necesidad quizás, él se había hecho con un viejo acordeón y había aprendido por la técnica de la repetición la única sonata acompañándola con una pobre pandereta raquítica.

El hecho de que imagináramos a la pareja hijo y padre inseparables aumentó la extrañeza al encontrarlo esperando su eterna llegada, un mediodía debajo de un toldo en un bar cualquiera, solitario y sin la compañía de la pandereta, y aunque sin apoyo, tocando el acordeón sin temores.
La ausencia del joven hizo que observara al viejo. Cuando tocaba no se fijaba en nadie, sonreía sin mirar a ningún lugar y movía las piernas, más tarde las caderas, de forma arrítmica, lo cual aumentaba considerablemente el mecanicismo con que tocaba.

El intento de alegrar el día a los comensales se difuminaba al mirar a sus ojos. Llegamos a temer su llegada, realmente la canción se hacía cansina, pero queriendo o no, las dudas sobre la ausencia citada nos hacían preguntarnos cual habría sido la causa no sin compasión.

Lo vi muchas veces, siempre igual, pegado al instrumento, tomando su forma. Y para alegría subconsciente, el último día, con la última cena, apareció la pandereta, como antaño, amenizando la velada junto con el estridente sonido de un acordeón rallado.

Con un viento endemoniado tuvimos que adelantar la partida, no fue más de una semana pero perdí la noción del tiempo, allí el tiempo discurre diferente.

Ayer hablé con un amigo, conocía la zona, le hablé del hombre del acordeón y me dijo que seguía sus andaduras repetitivas deleitando las cenas y comidas.

Cuando alguien se amolda a un lugar, queda siempre encallado en él, los dos hechos que por insignificantes me marcaron tras mi estancia eran robinsones que conocían épocas de mayor esplendor, eran gentes de fuera que habían hecho de Zahara un lugar propio.
Náufragos cotidianos del tiempo y de los hombres, uno bicentenario, el otro cercano, reliquias decadentes que dotan de magia cualquier viaje. Fantasmas y leyendas estancadas girando en una órbita diferente, eternos, al menos, hasta que la erosión de las olas acabe con el pequeño amasijo de hierros y la memoria, de los que, como yo, quedaron impactados, acabe olvidando tan gratos recuerdos.

sábado, enero 13, 2007

Dexy's midnight runners - Geno

No les cuento nada porque no sé nada, no comento nada porque desconozco todo. Acabo de bajarme, casi por casualidad, casi por un error de click, este disco (Searching for the young soul rebels) de este grupo (Dexy's midnight runners) que ni me sonaba. Lo he enchufado al winamp con el modo al azar puesto y ha sonado esta canción (Geno). No puedo parar de escucharla. ¡Menudo descubrimiento! No quedaba más que, al menos, compartirla. Bendito youtube. Disfruten.

viernes, enero 12, 2007

Inmortalidad

"La mejor cualidad de mis antepasados es la de estar muertos; espero modesta pero orgullosamente el momento de heredarla. Tengo amigos que no dejarán de hacerme una estatua en la que me representarán tirado boca abajo en el acto de asomarme a un charco con ranitas auténticas. Echando una moneda en una ranura se me verá escupir en el agua, y las ranitas se agitarán alborozadas y croarán durante un minuto y medio, tiempo suficiente para que la estatua pierda todo interés."
Rayuela. Julio Cortázar.

lunes, enero 08, 2007

"Cuídate ante todo de ser siempre igual a ti mismo."

Séneca.

sábado, enero 06, 2007

Reyes

No he entendido nunca la pregunta: ¿se han portado bien los Reyes? ¿No debería ser al revés? digo yo, uno se porta bien para esquivar así el carbón, no son ellos los que deban portarse bien. Sea como sea, puedo afirmar que se han portado bien, no sé si correspondiendo a mi comportamiento durante el año pero en lo que nos atañe algo de libros han caído. Eso sí, como ya comentaba en Libros de 2006 (V) me han debido ver los Reyes con ganas de leer más ensayo y, estas fiestas concretamente, han caído tres: El espacio vacío, de Peter Brook; El nacimiento de la tragedia, de Nietzsche y La página escrita, de Jordi Sierra i Fabra.

Tienen buena pinta. Sobre Peter Brook había oído hablar a mi profesor de teatro, y parece interesante saber algo sobre teoría dramatúrgica, quién sabe si alguna vez me servirá.
El de Nietzsche constituye mi primer libro suyo en la lista, este año pienso que, si me gusta, caerán más, que está selectividad cerquita y me gusta leer a los autores. No es sólo teatro según veo también hay reflexión.
Y el último, que ha llegado hoy (los otros fueron en Nochevieja) me llama muchísimo la atención. No es un tratado ni un método de creación literaria y no lo pienso tomar como tal, más bien es el sistema de Sierra i Fabra (no he leído más que un libro suyo hace muchísimo del que apenas conservo recuerdo) para escribir. Le he echado un ojo por encima y se ve ameno y divertido, anecdótico incluso, puede ser interesante leer las disquisiciones de un autor sobre el proceso de escritura.
Eso es todo. No hay novelas. Pero bueno, desde hace unos días apareció por mi casa A sangre fría, de Truman Capote, al que le tenía ganas desde la recomendación de un buen amigo. Y me lo he adjudicado bien rápido.

¿Y a vosotros?

Libros de 2006 (V)

Última entrega con los últimos títulos de los 45 libros que he leído durante el 2006. También he leído varias revistas con relatos, entre otras cosas, y mucho, muchísimo por internet, pero todo eso no lo comentaré. En estos 5 últimos títulos encontramos una buena variedad: narrativa española, relatos, novedades, un clásico y una guía gráfica. No voy a hacer una valoración de los diez mejores ni nada por el estilo, con mis escuetos comentarios me basta y sobra. Es una buena cifra y con un aceptable número de libros notables. Para el año que viene más, y he empezado con buen pie: Rayuela, de Cortázar, pero eso es otra historia de otro año que ya pasa.
Al final del todo pongo la lista con los títulos y autores sólo y los enlaces a las 4 anteriores entregas.


  1. Imágenes, Santiago Eximeno. Estaba baratito en la Hispacón. Tenía más ganas de seguir leyendo fantasía contemporánea en español, en concreto: terror. Bueno, no está mal. Son dos relatos (si mal no recuerdo) y una novela corta. Lo peor: la novela corta. Eximeno se desenvuelve muy bien y sorprende mucho con los relatos cortos y microrrelatos (he leído varios por Internet y me parecen estupendos) pero en la novela flojea, pese a su corto grosor se hace algo cansina, repetitiva y no aporta nada. Eso sí, los otros relatos arreglan el libro.
  2. Travesuras de la niña mala, Vargas Llosa. Un libro con historia personal, desde la búsqueda imposible de entradas para el acto de presentación, la compra a medias, la firma a medias por el autor, la lectura mucho tiempo después y el haberse convertido en un regalo posterior con significado. Como novela es encantadora la historia, hacía tiempo que no leía literatura hispanoamericana, que me gusta mucho. Se lee sorprendentemente rápido, mezcla el drama con un toque de humor y la trama se desarrolla con unas ciudades que son algo más que simples escenarios. Vargas Llosa recrea Lima, París, Londres, Tokio y Madrid de una manera increíble, atándolas a una historia aún más increíble con unos personajes para recordar.
  3. El arte de la Comunidad del Anillo. Bueno, ¿esto qué es? No es un ensayo, no es una novela. Es un compendio de curiosidades y dibujos y bocetos con anotaciones que sirvieron como base a hacer la película. Alan Lee y John Howe me encantan y sus dibujos son impresionantes. Otro tipo de entretenimiento algo más gráfico pero no menos interesante.
  4. Dublineses, James Joyce. Últimos relatos del año. Una preparatoria para esa aventura que es leerse Ulyses. Los relatos aparentemente no cuentan nada, aparentemente, ya que dejan un poso de sentimiento dublinés en el alma. Un fiel ejemplo de Dublín y de la época con unos brillantes diálogos. Conforme avanza el libro mejoran los relatos hasta culminar en Los Muertos, una preciosidad.
  5. La náusea, Sartre. Y qué mejor manera de terminar el año. No tengo palabras. Existencialismo puro y muy bien llevado. Reflexión amena y muy profunda. Provoca desazón y uno se solidariza con todo lo que ocurre, y lo entiende y lo traslada a su mundo. Otro de los mejores del año. Increíble, sin duda voy a seguir con Sartre.

Los 45 completos:

  1. Grimpow, de Rafael Ábalos.
  2. La tesis de Nancy, de Ramón J. Sender.
  3. Eragon, Christopher Paolini.
  4. Finis Mundi, Laura Gallego.
  5. Memorias de mis putas tristes, García Márquez.
  6. Harry Potter y el misterio del príncipe, J.K. Rowling.
  7. Moby Dick, H. Melville.
  8. Crónicas de Narnia: El sobrino del mago, C.S. Lewis.
  9. Crónicas de Narnia: El León, la Bruja y el Armario, C.S. Lewis.
  10. Crónicas de Narnia: El caballo y el muchacho, C.S. Lewis.
  11. Crónicas de Narnia: El Príncipe Caspian, C.S. Lewis.
  12. Crónicas de Narnia: La travesía del Viajero del Alba, C.S. Lewis.
  13. Crónicas de Narnia: La silla de plata, C.S. Lewis.
  14. Crónicas de Narnia: La última batalla, C.S. Lewis.
  15. El lazarillo de Tormes, anónimo.
  16. El perfume, Patrick Süskind.
  17. Luces de Bohemia, Valle – Inclán.
  18. La metamorfosis y otros relatos, Kafka.
  19. Narraciones de Borges, Borges.
  20. Antología I, Lovecraft.
  21. Solaris, Lem.
  22. Señores del Olimpo, Javier Negrete.
  23. El juego de Ender, Orson Scott Card.
  24. Crónicas de lo imaginario, VVAA.
  25. El caballero de Olmedo, Lope de Vega.
  26. La voz de los muertos, Orson Scott Card.
  27. El ciclo de la Puerta de la Muerte: En el laberinto, Maragaret Weiss, Tracy Hickman.
  28. El ciclo de la Puerta de la Muerte: La séptima Puerta, Maragaret Weiss, Tracy Hickman.
  29. El señor de las moscas, William Golding.
  30. Hyperion, Dan Symmons.
  31. La caída de Hyperion, Dan Symmons.
  32. Brevísima historia del tiempo, Stepehn Hawking.
  33. El muerto vivo, R.L. Stevenson.
  34. Rihla, Juan Miguel Aguilera.
  35. El árbol de la ciencia, Pío Baroja.
  36. Crónicas marcianas, Ray Bradbury.
  37. La verdad sobre el caso Savolta, Mendoza.
  38. El desván de los cuervos solitarios, VVAA.
  39. El niño que bailaba bajo la luna, Juan Ángel Laguna Edroso.
  40. Filosofía y Ciencia en la Antigüedad, B. Farrington.
  41. Imágenes, Santiago Eximeno.
  42. Travesuras de la niña mala, Vargas Llosa.
  43. El arte de la Comunidad del Anillo.
  44. Dublineses, James Joyce.
  45. La náusea, Sartre.

  • Para ver los comentarios de los libros del 1 al 10, aquí.
  • Para ver los comentarios de los libros del 11 al 20, aquí.
  • Para ver los comentarios de los libros del 21 al 30, aquí.
  • Para ver los comentarios de los libros del 31 al 40, aquí.

miércoles, enero 03, 2007

Libros de 2006 (IV)

Penúltima entrega. Llegamos con estos diez libros que he leído durante el 2006 de los 30 a los 40. Sigue habiendo ciencia ficción y la fantasía da sus últimos coletazos. También reanudo mi lectura de relatos y, sorprendentemente, encontramos en esta decena, dos ensayos. Los primeros del año y, quizás, de mi vida. Una buena experiencia que seguro continuaré, de hecho ya tengo tres en la cola. Poco más, lecturas obligadas para Selectividad que más que una imposición están consistiendo una agradable "recomendación".


  1. La caída de Hyperion, Dan Symmons. Segunda entrega de Los cantos de Hyperion. Muy entretenida, el modo de contar la historia engancha lo suficiente para que su extensión no acabe siendo un problema. La única pega que me quedó es que se basa, sobre todo, en una de las historias del primer libro que menos me gustó. Para no perder el buen sabor de boca, voy a pasar de los otros dos libros (independientes pero con relación): Endimión y La caída de Endimión.
  2. Brevísima historia del tiempo, Stepehn Hawking. Pues sí, tanta ciencia ficción deriva en leer algo de ensayo sobre el universo. Muy sencillito y bien explicadito, pero algo insulso. Poca reflexión, más bien información seca, aunque claro, no es una novela. Sin embargo, me hizo reflexionar y entender un poco mejor lo que había leído sobre viajes relativos y demás.
  3. El muerto vivo, R.L. Stevenson. Curiosa novela folletinesca de Stevenson donde las coincidencias más imprevisibles le ocurren a una serie de personajes típicos de la sociedad de la época. Tiene humor y es entretenido, diferente pero sin mayores pretensiones.
  4. Rihla, Juan Miguel Aguilera. Pues algo más de fantasía española. Me supuso una decepción. Sí, suena un poco fuerte, me explico: no oía por la red más que críticas estupendas al libro, llegando a decir que fue el mejor libro fantástico en castellano publicado en el año que salió (no me acuerdo, ¿2003?, ¿2004?) y yo, ajeno al fandom y a lo que se escribía en español de fantasía pues lo cogí con unas ganas tremendas, esperando, no sé, encontrarme un pedazo de libro magistral. Bueno, está muy entretenido, se lee de un tirón, pero no es lo que las expectativas creyeron que era. Ni mucho menos. Tiene partes muy buenas y muy conseguidas pero en general no me pasó de entretenido, que no es poco, mirándolo desde otro lado.
  5. El árbol de la ciencia, Pío Baroja. Otro descubrimiento. Otra obligación de la Selectividad. Me gusta la generación del 98, en general y cada vez más. De Pío Baroja no había leído nada, o casi nada y ha sido un placer, muy deprimente pero increíblemente reflexivo. La mejor parte, la que a menos gente le gustó de mi clase, la larga conversación con el tío Iturrioz, solamente ella da sentido a toda la novela.
  6. Crónicas marcianas, Ray Bradbury. Relatos frescos, y qué relatos. Una joya. La mejor ciencia ficción que he leído junto con Solaris. Doy gracias a la recomendación que me hizo decidirme del todo a comprarlo. Unos muy cortos, otros muy largos, pero todos unos relatos increíbles con un gran manejo del lenguaje y una imaginación desbordante.
  7. La verdad sobre el caso Savolta, Mendoza. Más de Selectividad. Me gusta Mendoza, lo reconozco, pero en esta novela me sorprendió. Poca gente pudo pasar de las primeras páginas donde aparentemente nada es coherente, pero luego la trama encaja como un puzzle perfecto y te atrapa. Y mi profesora diciendo que es un rollo, já, pues yo me lo pasé genial leyéndolo. Novela ¿negra? en una Barcelona de callejuelas, matones y conspiraciones aderezadas con el magnífico humor escondido de Mendoza. Muy recomendable.
  8. El desván de los cuervos solitarios, VVAA. Escrito por los que se hacen llamar el Círculo de escritores errantes. Relatos de intriga, de terror, siniestros. Género fosco, lo llaman. Perfectos para leer en cualquier lado. Muy fresco cada relato. Es una antología con una diversidad pasmosa dentro de una estética (terror) que puede parecer condenada al tópico, con El desván de los cuervos solitarios se nos demuestra que no es así. Una pega: demasiado corto.
  9. El niño que bailaba bajo la luna, Juan Ángel Laguna Edroso. No es una novela, más bien un cuentecito. Una pequeña delicia bilingüe (francés y español) con una edición e ilustraciones maravillosas. Se lee en una tarde pero toca alguna fibra sensible e infantil que deja un sabor agridulce. Muy poético.
  10. Filosofía y Ciencia en la Antigüedad, B. Farrington. Bueno, algo más de ensayo. Dos al año, no está mal para empezar. Ahora toca la filosofía y, sobre todo, el inicio de la ciencia. Está un poco desfasado pero se deja leer. Me recuerda más bien a un libro de texto, pero bueno, no ha acabado con mis ganas de seguir leyendo ensayo y eso es buena señal.

(Lee los comentarios de otros diez libros que leí en el año 2006)

martes, enero 02, 2007

Libros de 2006 (III)

Y tercera entrega ya, de lo que han sido los libros que he leído durante el extinto 2006. Con estos 10 ya van 30 comentados, aún quedan dos tandas más o menos.
Como podéis ver, voy dejando paulatinamente la fantasía que tanto me hastió, entre otras cosas por el pésimo final de El ciclo de la Puerta de la Muerte y comienzo mi indagación en las letras de la ciencia ficción bastante contento con el resultado. Sigo leyendo relatos y algo de teatro.



        1. Solaris, S. Lem. Otro descubrimiento, por 6 euros, en la feria del libro, una edición pésima para un libro estupendo. La mejor ciencia ficción que he leído en todo el año. Corto, pero muy reflexivo e interesante. Un autor que tengo que seguir leyendo.

        2. Señores del Olimpo, Javier Negrete. El premio Minotauro de este año. Muy entretenido y fácil de leer. Me gusta la mitología, y el trato que le da Negrete es cercano, casi de superhéroe y resulta diferente. No muy trascendente pero divertida, y con un final que huele a cachondeo, como casi toda la novela. De lo mejor: el compendio de mitos del final.

        3. El juego de Ender, Orson Scott Card. Y vamos entrando en el verano. Y más ciencia ficción, sí, ese género que no es sólo espadas láser, explosiones y naves espaciales. Un libro que se leer rapidísimo y en el que asombra la credibilidad y la psicología de los personajes. Que te llegues a creer que unos niños pueden llegar a hacer eso en un futuro no muy lejano da miedo.

        4. Crónicas de lo imaginario, VVAA. Este lo conseguí en las Jornadas Fantásticas de Dos Hermanas. Es una antología de los últimos relatos ganadores del certamen Idus de Marzo. Como todas las antologías hay de todo, relatos muy buenos en los que el autor repetía después con el premio y otros que no sobresalían mucho.

        5. El caballero de Olmedo, Lope de Vega. Leído como obligación en el instituto. Teatro. Clásico. Lope. Y encima, en la lectura compartida que hicimos en clase, me tocó leer al mismísimo caballero de Olmedo, sólo queda decir que lo bordé.

        6. La voz de los muertos, Orson Scott Card. Verano y me leo la segunda parte de El juego de Ender con algo de miedo por lo que había oído de la locura del autor desde su éxito en sacar más y más libros con los mismos personajes. No es tanto como el otro pero sigue siendo leíble, eso sí, más no indago en la eterna saga.

        7. El ciclo de la Puerta de la Muerte: En el laberinto, Maragaret Weiss y Tracy Hickman. Hablando de sagas, seguía esta desde hacía años, cuando me regalaron el primer libro en un cumpleaños. Me pareció muy interesante la idea, y un personaje en concreto. Al año siguiente me regalaron el segundo y seguía estando a la altura, lo que despertó las ganas de leérmela entera; craso error. A partir del 4º, el interés decrece hasta estos dos últimos volúmenes totalmente prescindibles. Y encima se cargan al personaje que tanto me gustó.

        8. El ciclo de la Puerta de la Muerte: La séptima Puerta, Maragaret Weiss y Tracy Hickman. Un asco de final para una serie que prometía mucho. Sobran, no sólo páginas, sino toda la novela. Si me lo leí era por estar de vacaciones y no tener nada más que llevarme a la boca, además de por terminarla de una vez.

        9. El señor de las moscas, William Golding. La salvación, después del chasco del final de verano me encuentro con esta obra maestra. La mejor novela de esta tanda de diez y de las mejores del año. Increíble, aterradora, horrible. Me absorbió. Unos personajes geniales, un estudio del comportamiento humano espeluznante, ¿por qué? Porque los protagonistas son niños y Golding hace maravillas con los diálogos y con la personalidad de ellos. Muy recomendable.

        10. Hyperion, Dan Symmons. Y otra más de ciencia ficción. Muy interesante, la verdad. La manera de estar contada, la historia, y los peregrinos y sus historias entrelazadas, hay algunas que me gustan mucho, lástima que la que menos me gustara fuera el pilar para desarrollar la trama de la segunda entrega de Los cantos de Hyperion, que vendrá comentada en otro episodio.

        (Lee los comentarios de los diez libros de 2006 leídos antes, aquí...)

        lunes, enero 01, 2007

        Varias frases al azar desprendidas de mi Náusea

        "Tal vez sea imposible comprender el propio rostro. ¿O acaso es porque soy un hombre solo? Los que viven en sociedad han aprendido a mirarse en los espejos, tal como los ven sus amigos. Yo no tengo amigos, ¿por eso mi carne es tan desnuda? Sí, es como la naturaleza sin los hombres."

        "Señor, creo que la aventura puede definirse así: un acontecimiento que se sale de lo ordinario sin ser forzosamente extraordinario."

        "Para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. Esto es lo que engaña a la gente; el hombre es siempre un narrador de historias; vive rodeado de sus historias y de las ajenas, ve a través de ellas todo lo que le sucede, y trata de vivir su vida como si la contara. Pero hay que escoger: o vivir o contar."

        "Quizá no haya nada en el mundo que me interese tanto como este sentimiento de aventura. Pero viene cuando quiere; y se va tan rápido, me deja tan agotado. ¿Me hará estas breves visitas irónicas para demostrarme que he frustrado mi vida?"

        "Ahora sabía: las cosas son en su totalidad lo que parecen y detrás de ellas... no hay nada."

        "Yo existo porque pienso... y no puedo dejar de pensar. En este mismo momento -es atroz- si existo es porque me horroriza existir. Yo, yo me saco de la nada a la que aspiro; el odio, el asco de existir son otras tantas maneras de hacerme existir."

        "Salgo. ¿Por qué? Bueno, porque tampoco tengo razones para no hacerlo. Aunque me quede, aunque me acurruque en silencio en un rincón no me olvidaré. Estaré allí, pesaré sobre el piso. Soy."

        "Los movimientos nunca existen del todo, son pasos intermedios entre dos existencias, tiempos débiles. Me disponía a verlos salir de la nada, madurar progresivamente, abrirse; por fin iba a sorprender existencias a punto de nacer."

        "Existencia en todas partes, al infinito, de más, siempre y en todas partes; existencia, limitada sólo por la existencia."

        "Ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera... Hasta hay un momento, al principio mismo, en que es preciso saltar un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace."

        La Náusea. Jean-Paul Sartre